La mano de Matilda apretando la colcha seguía apretándose y estaba nerviosa, después de todo no creía lo que decía Tadeo.
—Te digo la verdad, pero tienes que cuidar de Blanca en casa, de lo contrario te haré sufrir más de lo que estás ahora.
Mientras hablaba, la mano de Tadeo sujetó la barbilla de Matilda y la obligó a mirarle.
Al pensar que en el futuro tendría que vivir con Tadeo, Matilda sintió un miedo infinito y las lágrimas le cayeron por la cara.
—Tadeo... Por favor... Con tal de que teng