— Somos madres, no te mentiremos. Eres tan cruel ahora, que te arrepentirás. Los lazos de sangre entre familiares no se pueden cortar, y pase lo que pase, ella es tu madre.
Al ver a esas mujeres de mediana edad que la rodeaban y educaban, Natalie tenía ganas de reír.
Siempre había gente que le aconsejaba que la perdonara, si a ellas les pasara algo así, quizá no lo dirían.
Dijo fríamente: —Váyanse o me enfadaré.
Una mujer frunció el ceño: — Niña, por qué eres tan terca. Si no nos haces caso, te