Matilda sonrió y dijo: —No te preocupes, allí estará, ya lo prometió, no faltará a su palabra.
—Bien, tengo una reunión, te dejo.
Colgando el teléfono, el rostro de Matilde se enfrió.
Con Leonardo cerca, a Natalie no debería pasarle nada.
El odio brotó en el corazón de Matilda al pensar que esta puta vivía mejor que ella.
Por su culpa, vivía así hoy en día.
Matilda se burló y tuvo una idea.
Ella no podía acabar con Natalie ahora, pero Gisela sí.
Dado lo mucho que Gisela odiaba a Natalie, no la d