—Leo...
Leonardo se giró y, al ver a Matilda mirándolo con miedo, la furia en sus ojos disminuyó un poco.
—Mati, lamento haberte asustado.
Matilda forzó una sonrisa y murmuró: —No pasa nada. Voy a limpiarlo.
—No es necesario. Más tarde pediré a la cuidadora que arregle todo.
—De acuerdo.
A continuación, Matilda se quedó charlando con Leonardo durante un rato. Después de que él se quedara dormido, ella se marchó con cautela.
En el momento en que se cerró la puerta de la sala, Leonardo abrió los o