— ¡Dilo otra vez!
Los ojos de Tadeo se tornaban furiosos y siniestros mientras su agarre sobre Matilda se hacía más fuerte.
Matilda dijo con dificultad mientras le pegaba: —¿Me equivoco? Eres... ¡perdedor de Leonardo!
—¡Quieres morir!
¡En sus ojos afloraba la intención asesina, y su sonrisa se tornaba lúgubre y aterradora al ver que el rostro de Matilda se volvía gradualmente azul!
—¡Suelta a mi mamá! ¡Malo!
De repente, Tadeo recibió un golpe en la pierna.
Miró hacia abajo y vio a Blanca caer al