Natalie se sintió conmovida al ver la preocupación en sus ojos, aunque no se acordaba de ella.
Y había investigado; Lucía y ella sí eran buenas amigas antes.
—Estoy bien, cámbiate primero.
—Bien.
Diez minutos después, Lucía se acercó a ella.
Lucía llevaba un pastillero, una sencilla camiseta blanca y unos vaqueros, un par de zapatillas de lona blanca en los pies. Su piel era tan tierna que casi podía pellizcar agua; si dijera que era universitaria, nadie lo sospecharía.
—Natalie, vámonos, tengo