Después de un rato de silencio, se oyó la gélida voz de Bertín: —No me interesan tus asuntos, y no tiene que ver conmigo lo que te ha pasado.
Sin duda lo que dijo la destruyó, Jade se estremeció.
Pellizcó el móvil y dijo: —¡Ven a mi casa ahora mismo!
Al colgar el móvil, los ojos de Jade se llenaron de odio. Ya que Bertín no la quería, ¡le haría recordar para siempre quién le había sacado del fango!
Una hora después, el coche de Bertín se detuvo frente a la casa de la familia Marín.
Justo cuando