—No a lo mejor, quiero una respuesta definitiva.
—Seguro que lo tendremos en tres días.
Leonardo asintió, —Bueno, vete.
Tras cerrarse la puerta del despacho, recogió el documento, pero el rostro de Natalie volvió a su mente.
Esta vez, en lugar de forzarse a olvidar, cerró los ojos y dejó que los pensamientos le invadieran.
Cuando Natalie se marchó, sabía que la quería tanto que era imposible olvidar cada segundo que había pasado con ella.
Por la noche, Leonardo volvió a Mansión de Armonía.
Se so