—Señorita Romí, el primer invitado en llegar está en el salón, ¿necesitas que te ayude a meter la maleta?
—No hace falta, gracias por traerme.
—De nada, lo que debo hacer.
Lucía le tomó la maleta y la arrastró hasta el interior.
Cuando acababa de entrar en el salón, vio una maleta negra en la puerta.
Colocó su maleta junto a esta y entró.
En el salón estaba sentado un hombre de veinticinco años que vestía una sudadera negra con capucha sobre una chaqueta negra de plumón que llevaba desabrochada,