Sacudió la cabeza, con voz débil pero firme: —Emiliano, no todo es culpa tuya. Venían a por mí y no me protegí.
Emiliano acarició la mejilla de Lucía, con los ojos llenos de remordimiento: —No, fui yo quien no te protegió. Debía estar más atento, con más cuidado.
Lucía sonrió: —Gracias.
Emiliano agarró con fuerza la mano de Lucía, como si quisiera darle todas sus fuerzas: —Lucía, no te preocupes. Haré que todos sepan que quien te haga daño lo pagará.
—Está bien.
Cuando Lucía se recuperó, Emilian