Al ver eso, Matilda se mordió el labio inferior, con los ojos llenos de tristeza y desgana.
A su lado, Antonia frunció el ceño, miró a Leonardo y le reprochó: —Leo, no sólo pienses en Natalie, también puedes darle un paseo a Mati por aquí.
Leonardo, sin expresión alguna, le lanzó una mirada y rechazó sin rodeos: —No tengo tiempo. Puedes pedirles a los sirvientes que la lleven a pasear.
—Tú y Mati han sido amigos desde chiquitos, ¿no crees que está feo dejar que los sirvientes la acompañen?
Un de