Mafresa intentó persuadir de nuevo, pero cuando vio la determinación en los ojos de Natalie, supo que no la escucharía.
Tras un momento de paralización, asintió con la cabeza, —Vale. Es mi chalet en Yemen, si estás en peligro, puedes ir y esconderte, ese chalet no está registrado a mi nombre, es más seguro.
Natalie no lo rechazó, cogió la llave y dijo: —Vale.
—Tú vete a la cama primero, esta noche debería ser segura.
A la mañana siguiente, Mafresa compró el vuelo más temprano para volver.
Natali