La persona que le apuntaba con la pistola le produjo una gran opresión, y sabía perfectamente que no podía vencerla.
—Señor Garrido, cálmate, no hace falta con la pistola... ¿Qué te parece? Si no quieres colaborar, nosotros...
Antes de que pudiera terminar la frase, una risa helada le llegó desde un lateral.
Esta fría risa hizo que Tadeo se quedara helado.
Era imposible olvidarse de aquella voz.
«¡Natalie!»
«¿Cómo ha podido encontrarme?»
Al notar el cuerpo congelado de Tadeo, el arco de la boca