—¿Eres Sara? —La rubia preguntó, mientras veía de pie a cabeza a la hermosa joven.
—Sí, señora ¿En qué puedo servirle? —Erika, elevó su ceja izquierda y con actitud arrogante se aproximó a la pasante.
—Creo que tú y yo tenemos pendiente una conversación.
—¿Usted y yo? —preguntó Sara, confundida y nerviosa.
—Sí. Cierra la puerta —La rubia le ordenó, la chica fue, cerró la puerta y regresó a su asiento.— No sé quién te piensas que eres, pero no voy a permitir que una chica insignificante y c