Entramos en la oficina de Spencer. Él cerró la puerta con una violencia que hizo vibrar los cristales. Se quedó de pie tras su escritorio, irradiando una furia que parecía física.
—¿Qué demonios ha sido eso? —preguntó, su voz era un susurro peligroso—. ¿Se creen que esto es un patio de recreo? ¿Se creen que pueden traer sus dramas personales y montar un espectáculo de bofetadas frente a mis ingenieros jefe?
—Él me besó a la fuerza —dije, tratando de que mi voz no temblara.
—Y ella parece haber