El silencio que dejó Cole al salir de la oficina de Spencer no fue de paz, sino de devastación. Era ese tipo de silencio que precede al desplome de un edificio cuya estructura ha sido carcomida por dentro. Me sentía expuesta, como si las paredes de cristal del despacho de Spencer se hubieran vuelto lupas que quemaban cada centímetro de mi piel, revelando no solo las marcas de mi cuello, sino las grietas de mi alma.
Spencer dio un paso hacia mí. Sus ojos azules, que antes eran un refugio de hiel