Él dio un paso hacia mí, acortando la distancia hasta que nuestras respiraciones se mezclaron. La tensión en la habitación se volvió tan espesa que el aire parecía vibrar. Era esa mezcla familiar de resentimiento puro y un deseo que se alimentaba del conflicto.
—Tu lugar es donde yo diga que es —susurró, y esta vez no era el CEO, era el hombre posesivo que me había rescatado del hormigón—. Y ahora mismo, tu lugar es bajo mi cuidado. Odias que te cuiden porque te hace sentir débil, pero no voy a