(Narrado por Spencer)
El silencio en mi despacho era más aterrador que los gritos de Mia en sus peores noches. Dominic entró con su habitual paso pesado, pero no había urgencia en sus movimientos. Se sentó en el sofá de cuero, cruzó las piernas y me observó con una frialdad que me heló la sangre. Yo, por el contrario, era un animal enjaulado. Caminaba de una pared a otra, sintiendo que cada segundo que pasaba era un centímetro de vida que se le escapaba a Casey.
—¿Qué haces ahí sentado? —le gri