Luego de varias semanas, por fin se dio el matrimonio de Natalia y Andrés, esta vez quisieron hacerlo a lo grande.
Natalia se arreglaba frente al espejo, Evana entró, sonrió al verla, sus ojos se volvieron llorosos, estaba muy emocionada.
—¡Te ves como una princesa! —exclamó con ojos llorosos.
—¡Madre, me harás llorar!
Evana la tomó de la mano, acarició su rostro.
—Voy a contarte algo, antes de ustedes, tuve otro hijo, mi pequeño bebé, un tesoro que perdí, porque murió al nacer, sentí que,