Sabrina llegó a la mansión Ford, apenas abrió la puerta, miró a Fátima frente a ella, le dio una fuerte bofetada
—¡Eres una desvergonzada! ¿Dónde pasaste la noche?
Las lágrimas emergieron por el rostro de la chica, que tocó su rostro, asustado.
—Yo… ¡Lo siento tanto!
—¿Lo sientes? —exclamó la mujer casi con burla ante sus palabras. Sentái profndo despecio y era incapz de ver que no era objetiva.
Fátima abrió su abrigo y miró los moretones en su cuello.
—¡¿Con quien te revolcaste, mujerzue