En la mansión Ford.
Sabrina se veía muy nerviosa, y Evana solo la miraba sosteniendo la prueba de embarazo que había comprado una empleada.
—¿Lo harás?
Sabrina la miró con desasosiego.
—Tengo mucho miedo, Evana.
—Eres adulta, Sabrina, eres fuerte, y no estás sola.
—Sí que lo estoy, me siento a veces una extraña aquí.
—Oye, no digas eso, me tienes a mí.
La mujer sonrió ante sus palabras, tomó la prueba de embarazo, y fue hasta el cuarto de baño.
Evana se mantuvo sentada en una silla, pen