El beso solo seguía incrementando la temperatura, cuando escucharon que llamaron a la puerta.
Él maldijo en su mente a la persona detrás.
—¡¿Qué?! —gritó rabioso con la voz entrecortada, mientras Evana le miraba atónita.
—Señor, su madre los llama para la cena.
—Bien, bajaremos en un instante.
Marcus se enderezó, alejándose de Evana, ella sintió que era tan necesario en su cuerpo, respiró.
—Debemos ir o tu madre nos retará.
Él sonrió.
Los días avanzaron con rapidez, hasta llegar al día d