Luego de convivir con los pequeños pacientes, darles regalo y saludar a las madres, Fátima y las demás mujeres Ford, estaban por irse.
Jonathan detuvo a Evana.
—Su ayuda es loable, estás personas nunca podrán olvidar lo buena que es usted.
Ella sonrió.
—Bueno, es todo gracias a los Ford, ellos son generosos.
De pronto, Jonathan tomó su mano.
—No hablo solo del dinero, hablo de la calidad del apoyo, usted habló con niños pequeños y madres, eso cuenta más que cualquier dinero del mundo.
Eva