La cena transcurría entre risas delicadas, brindis controlados y cuchicheos tras las copas. En la mesa principal, Marcos se mantenía en silencio, observando el salón como si pudiera diseccionar cada gesto falso, cada risa ensayada. No hablaba más que lo justo y necesario, como siempre. Isabella, a su izquierda, había estado tomando nota mentalmente de los nombres, comentarios y cifras importantes. Todo lo registraba en su mente, como lo había prometido. Ni una sola distracción, ni un error. Era