La mañana había llegado más rápido de lo que Selene y Zander esperaban, pues mientras Selene estaba sentada encima de Zander y este besaba sus pechos con ansias, Selene gemía en lo que el sol brotaba por las ventanas de la habitación.
Haciendo que estos, tan encimados en devorarse mutuamente, apenas notaran que habían estado horas haciéndose suyos el uno al otro hasta llegar hasta el punto más alto del clímax.
―Eres insaciable, ya lo había dicho... —La voz de Selene surgió en medio de jadeos, m