La mañana en Atenas nació con una luz blanca y cegadora que parecía querer exponer cada grieta en la fachada de los Perseus.
Tras la violenta revelación del cuaderno de Narel, la villa se había convertido en un campo de minas de silencios prolongados.
Zander había salido al amanecer, no para una reunión técnica, sino para caminar por los acantilados, tratando de procesar la idea de que su protección era, en realidad, el veneno de Selene.
Selene, por su parte, decidió bajar a la ciudad. Necesita