La mañana en la mansión Perseus amaneció con un tinte ceniciento.
El puerto, visible desde el ala sur, estaba envuelto en una actividad inusual; no eran los camiones negros de Zander los que dominaban la entrada principal, sino una flota de vehículos blindados de color blanco perla con el emblema del Consorcio Marítimo Helios.
La impugnación legal no había sido solo un papel sobre la mesa de Thorne; era un despliegue de fuerza económica que Ciudad A no había visto jamás.
En el vestíbulo, Zander