La noche cayó sobre la mansión Perseus con una pesadez asfixiante.
En el exterior, el panorama había cambiado drásticamente: los clanes menores, liderados por los remanentes de los Valli que habían olido la debilidad de Zander ante el Consorcio Helios, habían comenzado a posicionar vehículos en las vías de acceso a la propiedad.
No era un ataque frontal, sino un cerco silencioso, una táctica de desgaste diseñada para aislar a los Perseus mientras Elena Volkov movía sus hilos en los tribunales.