―¡Tú... tu maldito niño... tú...! —El anciano inició a gritar cargado de furia, no podía creer lo que estaba escuchando, mientras Selene aún estaba en silencio, completamente sorprendida ante la situación.
―Lo siento, abuelo, pero, aunque estés enojado, no estoy dispuesto a permitir que mi hijo nazca siendo un bastardo, abuelo, tu nieto...
―¡Silencio! —El anciano cortó de tajo el ruego de su nieto.
Selene seguía en silencio, observó cómo el anciano parecía estar pensando en cuáles serían sus pa