―Adán, ¿qué dices tú? —preguntó Selene en un susurro.
Ella comprendía perfectamente que la decisión no era solo suya.
Su primo también tenía voz y voto en aquel juicio improvisado; después de todo, Adán había perdido a sus padres por la codicia y la negligencia de los Ezio.
Quizás por eso los odiaba con tanta fuerza.
Selene notó la mirada de Adán fija en Zander, quien permanecía allí, apático a todo lo que le rodeaba.
Incluso la mirada de Selene parecía resbalar sobre él sin afectarle, mientras