El rascacielos que albergaba la sede de la renovada Corporación Sartori se alzaba en el corazón del distrito financiero como una aguja de cristal y acero, desafiando al cielo gris de la ciudad.
Para Selene, ese edificio no era solo una estructura; era el mausoleo de su padre y la cuna de su futuro.
Bajó del vehículo blindado con una postura impecable, vestida con un traje sastre de seda gris perla que acentuaba su figura y gritaba una autoridad recuperada a pulso.
En su maletín descansaba el co