A la ocho en punto
A las ocho en punto, todo fue tal como él lo había dicho. Yo no había querido pensar más en el asunto. No podía hacerlo sin correr el riesgo de perder la cabeza. Para cuando todo ocurrió ya eran un poco más de las cuatro de la tarde, por lo que me fue posible pedirle a Ana que se ocupase de David para tomarme un tiempo para reflexionar en varias cosas. Ella por supuesto que se tomó de mala gana el secretismo de mi parte, pero al haberle prometido que le explicaría todo a su m