Capítulo 148.
El día iluminaba toda la ciudad con un resplandor único, pero en esta ocasión, Lina no sintió la emoción de tal cosa. No había ningún lugar al que deseara moverse, ni un mensaje de él recordándole alguna tontería que ella pudiera responder con otra. Todo era una pesadilla de la cual no podía despertar.
En su habitación, el aire se sentía pesado, cargado de recuerdos y ausencias. Las paredes, que antes habían sido testigos de risas y conversaciones, ahora parecían cerrarse sobre ella, sofocándol