En el momento en que entré a casa, fui tomada por el brazo de manera brusca, era Mike, quien casi me arrojó al sofá.
—¿Dónde has estado? —murmuró con molestia.
—En casa de Sasha —expliqué débilmente, desconcertada con su enojo.
—¿Y no te molestaste siquiera en contestar el teléfono? —inquirió alzando una ceja.
—Estaba ocupada.
Mike gruñó con desesperación.
—En vez de ir a casa de Sasha, debiste ir al doctor, has estado hecha mierda toda la semana, no puedes retener comida o siquiera cocinar, d