Salí del edificio y crucé la calle para entrar a la tienda.
La campanilla sonó tan pronto entré, y una mujer mayor con rasgos asiáticos, elevó su cejas.
Me dirigí hacia ella y escaneé las botellas de licor que tenía detrás de ella. Me tendió la botella de vodka a la derecha, pero la ignoré.
Cigarrillos. Eso era lo que iba a comprar.
El alcohol solo me iba hacer perder mi cordura más rápido.
—¿Tiene Malboro rojo? —pregunté, sintiendo la piel de mi cuello calentarse cada vez más.
Joder. ¿Qué habí