Ya llevaba una semana viviendo en casa de Fernando, una casa enorme y muy hermosa de la que ya conocía casi todos sus recovecos.
Lo bueno de vivir con Fernando era que como tenía trabajo casi todo el día, me permitía andar libremente por la casa, aunque yo no me sentía libre de ninguna manera.
En aquella semana no había vuelto a tener llamadas de Nikolay, es más, como mi celular era lo único que llevaba conmigo cuando me trajeron de regreso, no tenía cargador y la batería estaba a punto de aca