El refugio estaba sumido en un silencio inquietante. Después de la batalla contra el alfa, los Guardianes trabajaban incansablemente para reparar los daños y atender a los heridos, pero el peso de lo que habían enfrentado seguía pesando en el aire. Lía se movía entre los pasillos, con cada paso sintiendo la creciente presión de lo que estaba por venir.
Kael la alcanzó en la entrada de la enfermería, su rostro aún marcado por la batalla.
—¿Cómo estás? —preguntó con suavidad, aunque sabía que la