Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl miedo nos paraliza. Convierte a los más fuertes en cobardes. Siempre estuvieron ahí, pero esta vez no sabes como enfrentarlos y llevarlos a lo más profundo de tu ser, de donde nunca debieron haber salido. De esos mismos miedos, formamos nuestro valor, desechando el orgullo; entendiendo que aquello que nos destroza y nos debilita, en ocasiones nos hace más fuertes. El punto está en poder convertirlos en herramientas para defendernos. Seguir viviendo no será una alternativa, por más inseguro que te sientas. Pedir ayuda, reconocer cuando es necesaria, será también controlar ese orgullo, para aceptar ser amado, y cargar con la responsabilidad que conlleva. Arriesgarse a perder a esos pocos que dejaste llegar a lo más profundo de tu ser. Amar más sería agregar a alguien más a la lista de los que debes proteger. Es deberles prácticamente tu vida, sabiendo que tu sufrimiento, los hará sufrir y necesitarlos sin remedio. Sin poder evitarlo te encuentras dañando a los que más amas, y saberlo duele. "El que teme ser conquistado será derrotado"... comprendí aquella frase de Napoleón; cuando sus ojos se encontraron con los míos, cuando su vida chocó contra la mía. Toda verdad se convirtió en pura falacia y fue la derrota, de una pelea que ni siquiera llegue a luchar, la caída de un temor que ni siquiera se levantó a defenderse. Eso representó él en mi vida, cuando la derrota formó parte de mi defensa.
Ler maisDesde ayer en la noche que la dejen en la puerta de su casa. no hubo mas que un simple saludo, estaba medio dormida, y quise creer que solo había sido ese el motivo de su repentino cambio de estado. La única luz provenía de una farola cercana que acariciaba su oscuro y brillante cabello. y mis piernas se movieron solas hacia donde estaba mientras la observaba, me senté a su lado cuando note que me había visto. Lo ultimo que quería era asustarla, su semblante seguía extraño. quizá peor que ayer.La punta de su nariz, enrojecida por el frío, le daba un aire aún más tierno. Quise imitar su acción y sumergí mis pies en el agua.—¡Ay, joder! Está helada. ¿Pero qué le pasa? ¿Está loca o qué? Se va a enfermar… No te metas, Ethan… ya sabes que ese no es el camino… Pero si dejo los pies en el agua, seguro que mañana caigo con fiebre… Odio estar enfermo… es lo peor…—Emm… está congelada… ¿No tenés sensibilidad en los pies o qué? —pregunté, intentando sonar casual.—No tengo sensibilidad —respon
APRILDespués de cenar, salimos otra vez a la galería del puerto. El aire era tibio, y las luciérnagas comenzaban a encenderse como pequeños faroles dispersos.Él apoyó los codos en la baranda de madera y miró hacia el bosque.—¿Sabés? —dijo de repente, sin mirarme—. No pensé que me iba a gustar tanto este lugar.—¿La reserva?—Todo. La reserva, el sheep, los jazmines... vos.Me congelé. Literalmente.No sabía qué decir. No sabía qué hacer con esa frase, con esa confesión simple y brutal.Me limité a quedarme a su lado, apoyada también en la baranda, mirando las luces parpadear entre los árboles.A veces, las mejores respuestas son el silencio.El viento trajo el aroma dulce de los jazmines otra vez, como recordándome que no todo era dolor, que también existía la belleza, incluso en los días en que el alma dolía.Pav, desde adentro, puso algo de música suave. Viejas canciones de jazz que parecían derretirse en el aire tibio.Y entonces, sin saber bien cómo, me encontré riendo con él, c
APRILSaltó de la rama, aterrizando con una ligereza que parecía burlarse de las leyes de la física.Se puso frente a mí, sonriente, y por un instante tuve que recordarme a mí misma cuál era el plan.Yo era la que quería mostrarle algo.Yo era quien debía llevar el control.Yo era... la que en este momento apenas podía pensar.—¿Qué querías mostrarme, April? —preguntó, ladeando la cabeza con esa maldita expresión de curiosidad sincera.Tragué saliva.No podía permitir que sus pestañas largas me distrajeran.—Ven, sígueme —ordené, con toda la autoridad que pude reunir en mi tono.—¿Me vas a empujar por un barranco? —bromeó, caminando a mi lado como si nada lo alterara.—No, aunque ganas no me faltan.Es algo mejor.Sus pasos se sincronizaron con los míos.El bosque se abría a nuestro alrededor, filtrando la luz del sol en haces dorados que parecían pintados a mano.Avanzamos en silencio, el aire cargado de esa tensión extraña que parecía seguirnos como una sombra.Finalmente, me detuve
30- AprilEl Sheep se detuvo. Me había dejado llevar por la comodidad que ofrecía, tan ajena a mi tensión interna. Mi boca, por su parte, iba a su propio ritmo, hablando sin filtro alguno.Se acercó de forma lenta y peligrosa... o quizá mi mente, traicionera y fantasiosa, quiso que todo ocurriera en cámara lenta. Me esfuerzo por recuperar el aire.Lo tenía frente a mí, a escasos centímetros de la nariz. Ni más lejos, ni más cerca. Exactamente el punto de no retorno.Quise reír, pero consideré el momento demasiado serio. No sabía cuánto tiempo había pasado. Me sentía como si me hubieran inyectado una mezcla salvaje de adrenalina y estupefacientes.—Yo jamás, jamás hago promesas que no puedo cumplir... —puntualizó, casi deletreando cada palabra.Mis párpados descendieron sin permiso, clavándose en sus labios. Mi cuerpo retrocedió apenas, por un impulso de autoconservación desesperado. No existían palabras para definir esa escena en mi mundo. Y, honestamente, ya no parecía estar e
Último capítulo