Aquella tarde, después de darse un baño, Liam se recostó en la cama y durmió por largo rato. En cuanto a Astrid, ella se reunió con su hermano en la pequeña terraza que quedaba al final de los pasillos de las habitaciones.
—¿En serio me amaba tanto como dices?
—Mi padre nos adoraba…
—¿Ya se murió?
—No, no lo creo —suspiró al pensar en él—. Él se fue hace algunos años de la ciudad. La verdad es que no sé nada de nuestro padre desde hace mucho tiempo.
—¿Estás enojada con él?
Astrid negó.
—Yo no,