DOS DÍAS ATRÁS.
«—Señor… tiene una llamada muy importante.
Dando un último apretón, Alfonso soltó a Aurora casi dejándola sin respiración y esta cayó al suelo. Su garganta seca la obligó a toser.
—Átala a esa silla. En un par de minutos me encargaré de ella y de esa mujer también —ordenó al salir.
Una vez que se encontraba alejado de los demás, contestó la llamada.
—Jefe…
—Alfonso Smith, me han dicho que tú tienes a alguien que me interesa.
—Señor, no sé de qué me habla.
—La chica, Astrid. Tráe