Eraban las nueve de la mañana cuando Aurora abrió los ojos, estiró sus piernas y brazos. Después de un largo bostezo, descubrió su cuerpo y leyó la nota que se encontraba sobre el velador.
«Hola, bella durmiente. Salí a correr… Te amo».
Con una sonrisa aspiró el aroma de la tarjeta, cerró los ojos y la llevó a su pecho. Al poco rato escuchó el timbre, se puso las sandalias y se dirigió a abrir. “Tal vez olvidó las llaves”, pensó para sí misma.
Al momento que abrió la puerta, un vértigo se apode