Robert volvió a salir de la ciudad. Las palabras que su medio hermano dijo le golpearon de forma abrupta el corazón; necesitaba respuestas, necesitaba que su tía le aclarara si en verdad lo que Liam había dicho era real.
Él sabía que su madre trabajaba por las noches, pero jamás imaginó que se dedicara a esa vida. La sola idea de imaginar que aquello fuera verdad le desmigajaba el alma.
De camino a Santa Mónica recibió una llamada. Sin ver de quién se trataba, contestó:
—Hola, estoy esperando..