Mundo ficciónIniciar sesiónPermanecimos varios minutos en silencio. No sabría decir cuánto tiempo pasó exactamente; dentro de aquella habitación el reloj parecía haberse detenido, reducido únicamente al ritmo constante del monitor cardíaco y al suave e hipnótico murmullo del respirador.
Ben seguía junto a la cama de Laura, sosteniendo su mano inerte entre las suyas. No lloraba, pero el cansancio infinito que reflejaba la curvatura de su espalda era mucho más elocuente que cualquier lágrima. Yo permanecía a su






