El lunes por la tarde regresé al piso sintiéndome como una farsa. Ver el reloj en mi muñeca cada vez que estudiaba se convirtió en una tortura silenciosa. Pasé las horas encerrada en mi habitación, ignorando los mensajes cariñosos de Adrián, incapaz de sacarme de la cabeza los ojos enfurecidos de Ben contra las taquillas. Había una contradicción gigante en todo esto. ¿Por qué Ben se jugaba la vida por Laura y, al mismo tiempo, parecía empeñado en destruirse y alejarme a mí con tanta saña? Sus p