El lunes amaneció gris, cubierto por esa capa de nubes densas que parecía mimetizarse perfectamente con mi estado de ánimo. La universidad estaba abarrotada, llena del bullicio habitual de estudiantes corriendo por los pasillos con carpetas bajo el brazo y cafés humeantes en las manos. Era el inicio de una semana idéntica a todas las demás, una rutina predecible que se suponía que debía reconfortarme. Sin embargo, el ruido del campus se sentía extrañamente lejano, como si una densa pared de cri