Capítulo 79. El veredicto del patriarca.
En el comedor, el aire se sentía más ligero tras la salida de Eugenia. El tintineo de los cubiertos sobre la porcelana fina era el único sonido que competía con la risa infantil de Leo.
Nicodemo observaba al niño con una mezcla de adoración y alivio. Para el viejo lobo de los De la Vega, ver la continuidad de su estirpe en esos ojos oscuros era la medicina que ningún hospital había podido darle.
—Ven… aquí… pequeño —llamó Nicodemo, haciendo un gesto con su mano que tenía movilidad.
Leo miró a s