Capítulo 76. Dos motivos para luchar.
Leonella sintió el corazón martilleándole las costillas. El aroma a sándalo de Héctor la envolvía, nublándole el juicio. Intentó empujarlo, pero él era una montaña de músculos infranqueable.
—Suéltame... —balbuceó ella, aunque sus manos se aferraron a los antebrazos de él.
—Nunca más —sentenció Héctor, enterrando el rostro en su cuello—. Duerme. Mañana el mundo entero sabrá que eres mi mujer, y no habrá rincón en este planeta donde puedas esconderte de lo que sentimos.
El silencio de la noche f