Capítulo 75. La misma mujer que entró.
Eugenia retrocedió un paso, impactada por la fuerza en la voz de Leonella. Nunca nadie, y mucho menos una "muerta de hambre" como ella la llamaba, se había atrevido a amenazarla en su propio terreno. Sus ojos se abrieron con una mezcla de horror y furia contenida, mientras sus manos enjoyadas temblaban sobre la barandilla de caoba.
—¿Te atreves? —siseó Eugenia, con la voz quebrada por la indignación—. ¿Te atreves a amenazarme en mi propia casa?
—Ya oíste a Leonella, madre —intervino Héctor, su