Capítulo 159. El refugio del lobo y la leona.
Leonella tomó el documento de manos de Montero con un movimiento rápido, mientras una sonrisa franca le iluminaba el rostro.
Héctor soltó un bufido ronco de pura satisfacción, atrayéndola más contra su pecho ancho. Lo revisaron allí mismo, apoyados contra la columna de piedra del porche trasero. El viejo Nicodemo no había escatimado en nada: el terreno frente al parque central estaba blindado para el futuro de Leo y Ethan por igual.
—Tu abuelo no da un paso en falso, señor De la Vega —murmuró