Capítulo 103. El nido roto.
La suite privada de Eugenia De la Vega en Ginebra era una jaula de oro, pero con el aire envenenado. Desde que habían aterrizado en Suiza, la matriarca no se despegaba de Pierina ni un solo segundo, tratándola más como una incubadora andante de su propiedad que como a una aliada. La tensión entre ambas había llegado al punto de ebullición.
Eugenia caminó hacia el diván donde Pierina descansaba, arrojándole una carpeta de cuero sobre las piernas con un movimiento brusco. El golpe hizo que Pierin